
La luna me mira paciente desde su rincón en la oscuridad, se pregunta porque sonrío siempre y espera que yo le cuente.
Yo miro al infinito con los ojos cerrados; pensando, soñando, recordando tal vez estos últimos días brillantes en la lluvia.
La luna hace fuerza por ver mis ojos abiertos y en un descuido mío es capaz de verte en mí... y, entonces, puede ella sentir todo lo que yo he sentido, y saborear tus labios sobre los míos y absorver con cada poro de mi piel tus caricias...
Y así, la luna, crece un poco cada día absorbiendo todos los buenos momentos...








