
Oimos un ring
en la confusión de la mañana.
¿Cómo pudimos oir ese ring misterioso?
Quizá fue nuestro subconsciente
que quería oirlo.
Pero así fue
y nuestros ojos se abrieron.
Y la rendija de sol
que penetraba a través de la ventana
nos inundó...
Y los sueños de la noche
se tornaron brisas del día
y los abrazos, caricias.
COn ese ring indescriptible
empezó nuestro día
y el ajetreo de la calle
adquirió vida en el dormitorio.








