Ella tiene una madre.
Su madre también tiene madre.
y aquella también la tuvo un día.
Muchas han podido decidir.
Otras no.
Siempre han sido ellas
las que han fregado los platos,
han cuidado de los hijos,
han limpiado toda la casa
y han hecho la compra.
Mientras,
ella estudia
y también trabaja para mantener la casa.
Su madre limpiaba más casas,
a parte de la suya,
porque necesitaban el dinero…
y la madre de su madre
trabajaba en el campo
porque tenía que alimentar a su familia.
Su padre
y el padre de su padre
también trabajaban
pero no ayudaban en casa
porque estaban cansados.
Ahora
ella lucha
porque ellas también estaban cansadas.
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14 jun 2010
17 may 2010
Locuras de una noche de mayo
Siento,
canto,
existo,
sandalias en invierno
en una cabeza descalza.
Sombrero para desayunar,
horneado.
Sazonada la lámpara
que a mis pies fue a parar.
Longanizas
como besos
que nadie olerá.
Suspiros de veranos pasados.
Almuerzos
perdidos
en el colegio.
Abrazos de abuelos
a niños que no volverán.
La primavera la sangre altera
y los pedazos de sal
se esparcen por el suelo
como una piedra con una sonrisa pintada
y los sexos de las nubes se confunden
con mariposas que se convierten en orugas...
El otoño llegó
y trajo consigo un sol
que enfría hasta al más caldeado
y los cepillos de dientes
escriben en paredes pintadas con sangre
que los besos más grandes
siempre te los dará tu madre.
Pero yo sabré calentarte
como nunca hizo nadie.
Me despido.
Con saludos,
abrazos,
suspiros,
te quieros,
caricias,
almohadas que golpean tu espalda
y un lametón en la cara.
canto,
existo,
sandalias en invierno
en una cabeza descalza.
Sombrero para desayunar,
horneado.
Sazonada la lámpara
que a mis pies fue a parar.
Longanizas
como besos
que nadie olerá.
Suspiros de veranos pasados.
Almuerzos
perdidos
en el colegio.
Abrazos de abuelos
a niños que no volverán.
La primavera la sangre altera
y los pedazos de sal
se esparcen por el suelo
como una piedra con una sonrisa pintada
y los sexos de las nubes se confunden
con mariposas que se convierten en orugas...
El otoño llegó
y trajo consigo un sol
que enfría hasta al más caldeado
y los cepillos de dientes
escriben en paredes pintadas con sangre
que los besos más grandes
siempre te los dará tu madre.
Pero yo sabré calentarte
como nunca hizo nadie.
Me despido.
Con saludos,
abrazos,
suspiros,
te quieros,
caricias,
almohadas que golpean tu espalda
y un lametón en la cara.
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